La máxima representación de la belleza es ser uno mismo

No existe nada más agotador en este mundo que aparentar ser lo que no somos. Es por eso que uno de mis lemas favoritos establece que la máxima representación de la belleza es ser uno mismo.

Y es que ¿cuál es la necesidad de fingir ante el mundo que somos alguien distinto a quien realmente somos? Si lo único que obtenemos mediante este tipo de actitudes, es un gran cansancio psicológico, emocional y hasta físico.

Nos convertimos en esclavos de esa(s) personalidad(es) falsa(s) que decidimos adoptar, pero… ¿para qué? ¿Para complacer al mundo? ¿Para sorprenderlo? ¿Para ser objeto de atención?

Si es así, ¡qué mal estamos! De hecho, sean cuales sean las razones, pues lo sostengo… ¡Qué mal estamos!, ya que ser auténticos es sinónimo de sentirnos bien con nosotros mismos, independientemente de la situación en la que nos encontremos. Pero resulta que, comportarse de esa forma, es una tarea muy muy muy difícil.

Esto, debido a los tiempos en los que nos encontramos inmersos: Redes sociales, búsqueda desesperada de aceptación, bajo nivel de paciencia ante lo que no somos, lo que no tenemos y lo que no hemos logrado, entre muchos otros factores.

Entonces nos sumergimos en modelos que nos muestran estrategias referentes a “cómo ser exitosos” y, por consiguiente, dichos modelos nos conducen a mostrarles a los demás, caras y personalidades que no van acorde con las nuestras.

Por ello, no es opción lamentarnos por aquello que no ha sido y que todavía no es… Por el contrario, trabajemos para lograr eso que anhelamos, siempre dentro de nuestras posibilidades y con esfuerzos y sacrificios propios, y lo más importante, teniendo presente que no es correcto presumir ante nadie lo que no somos, lo que no tenemos y lo que no hemos logrado…

¡Enfoquémonos!