¿Qué hacer con las opiniones de los demás?

Por desgracia, muchas personas piensan, equivocadamente, que por cualquier motivo les debemos razones o explicaciones acerca de nuestras acciones, nuestras decisiones, en fin… De toda nuestra vida. Y esto, con la sola finalidad de emitir juicios que, curiosamente, nadie les ha pedido. Por esa razón, estoy aquí para darte algunos consejos acerca de qué hacer con las opiniones de los demás.

Y es que, expresiones como: “Deberías operarte la nariz”, “estás un poco más gordo(a)”, “¿no es un riesgo que quieras dar a luz después de los 35 años?”, “estás muy delgado(a), ¿qué ocurrió contigo?”, sólo por nombrar algunas, son las que, a diario, nos toca escuchar por parte de gente que ni frío ni calor en nuestras vidas.

Incluso, ni siquiera nuestra propia familia debería sentirse con el derecho de opinar sobre nosotros.

¡Y ojo! Con esto no estoy diciendo que no podamos aceptar consejos o sugerencias de las demás personas. De hecho, hasta una crítica constructiva debería ser bien recibida, dependiendo, claro está, de la forma en cómo se diga y de quien provenga.

Pero, intromisiones sin sentido, y más, cuando no vienen cargadas de otra cosa que mala intención, intriga y crítica (destructiva), deben ser ignoradas en su totalidad. ¡Y háganlo una ley!, pues no podemos permitir que las personas, aprovechándose de sus condiciones de “amigos(as)” o familiares, como lo mencioné antes, quieran intervenir en el proceder de cada uno de nosotros.

Y cuando me refiero a “proceder”, pretendo englobar todos los aspectos: Nuestro aspecto físico, nuestro trabajo, nuestra casa, la forma en cómo criamos a nuestros hijos, con quién nos relacionamos, sitios que frecuentamos, etc.

Bien dicen por allí que… “¿Acaso vivimos de ellos…?” No, ¿verdad?

Y si viviéramos, tampoco sería motivo que les diera el derecho de inmiscuirse en nuestras vidas, ya que cada quien se conduce como mejor le parece…

¡No prestes atención a opiniones que no suman, sólo restan!