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    Bellas, pero… ¿Felices?

    Hoy quiero contarles algo…

    Al principio de mi carrera, cuando aún había una gran cantidad de cosas que yo no comprendía, tenía pacientes bellas y hermosas…

    De hecho, reinas de belleza. O como les digo yo? “Barbies”… Pero… lastimosamente, no eran felices.

    Entonces, a pesar de que se veían radiantes y espectaculares en el espejo, en su mente no lograban asimilar su autoestima. Y fue a partir de allí cuando entendí que debemos enfocar la cirugía plástica desde otra perspectiva.

    Y el punto es una belleza integral, porque somos seres integrales (cuerpo, mente y espíritu). Es decir, la autoestima se compone de elementos que van mucho más allá de la imagen.

    Se compone de lo que yo pienso de mí, de la confianza que tengo en mí, de las gratificaciones que me doy cuando hago algo bien, y también de la autoimagen.

    Entonces, todo eso que nombro, es la autoestima… Y cuando no está completa, definitivamente es como la llanta de un carro.

    Si el carro tiene una llanta ponchada, evidentemente no puede andar…

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    ¡Hablemos de la belleza integral!

    La belleza, literalmente hablando, es el término que representa un aspecto físico muy bien cuidado, además de las características innatas que hacen que una persona luzca realmente hermosa y atractiva. No obstante, todo el que me conoce sabe que siempre he abogado por lo que llevamos en nuestro interior y por la forma en cómo pensamos; por eso, hoy quiero hablarte de la belleza integral.

    Físico (cuerpo), mente (pensamientos) y espíritu (acciones y actitudes) son los tres componentes de lo que es una verdadera belleza integral. Por ello, cabe acotar que, por muy bonito físico que tengas, si tus pensamientos y acciones no van a la par del mismo, no puedes ser un(a) digno(a) representante de la belleza integral.

    Y es que, cada quien puede actuar como quiera, ¡claro está!, pero si queremos lograr un mundo mejor y más justo, no sólo debemos preocuparnos por nuestro cuidado físico, que también es importantísimo. Sin embargo, lo esencial para una vida plena y para una mejor convivencia con nuestros semejantes, es procurar que nuestros pensamientos y acciones no sólo nos beneficien a nosotros mismos, sino también a todas las personas que nos rodean (y a las que no, también).

    Entonces, trabaja en tu aspecto físico, ¡seguro que sí!

    Hazte los cambios que desees hacerte, y si no quieres hacerte cambios, ¡no importa! Asimismo, descansa, duerme y aliméntate de manera adecuada, haz ejercicios, arréglate, sal a distraerte, trabaja en lo que te gusta (mientras tengas la posibilidad). Pero también, piensa en positivo, cuida tu salud mental, pon en práctica el amor propio, ayuda a los demás, respeta a tu prójimo, y sé considerado(a) y comprensivo(a).

    Esta es, sencillamente, la base de una verdadera belleza integral…

    ¡Busca un equilibrio! Y cuando lo encuentres, procura mantenerlo…