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    No confundas “amor propio” con “vanidad”

    Una de las equivocaciones más grandes que puede llegar a cometer una persona, es creer que una autoestima elevada tiene algo que ver con el excesivo orgullo que siente de sí mismo(a) o con el reiterado reconocimiento de méritos propios y la necesidad de llevarse el crédito por ellos.

    Por tanto, no confundas “amor propio” con “vanidad”, porque son conceptos muy distintos, y hoy te hablaré un poco acerca de la diferencia entre ambos.

    Cuando hablamos de amor propio, hacemos referencia, específicamente, al nivel de aceptación, consideración y respeto que tenemos hacia nosotros mismos. En pocas palabras, se trata de un concepto muy similar al de autoestima (aunque este último, con cierto grado de elevación), considerado como un factor esencial para la conservación de la salud emocional y mental de los seres humanos.

    Ahora, en líneas generales, lo entendemos como el resultado de distintos procesos de introspección y aceptación a escalas profundas. Y esto, luego de conocernos y amarnos a nosotros mismo, sin necesidad de cambiar la naturaleza propia para complacer al resto.

    Por su parte, la vanidad es un concepto vinculado, por muy duro que parezca, a lo hueco, a lo falto de realidad, a la arrogancia y a la presunción.

    Tener una autoestima elevada no nos otorga el derecho, por ningún motivo, de presumir nuestras virtudes, talentos y logros ante los demás; tampoco de pisotear ni humillar a nadie.

    Recuerda que uno de los complementos del amor propio, luego de estar en completa conformidad con nosotros mismos, es amar y respetar a nuestros semejantes, pues, lejos de causar daños, su objetivo es fomentar un poco más la bondad y la nobleza propias y con los demás.