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    ¿Cómo nació mi fundación “Sin Etiquetas”, y cuál es su misión?

    “Sin Etiquetas” es una fundación sin fines de lucro que nació con la finalidad de ayudar a niños con necesidades especiales, pues, en República Dominicana, mi país, no tenemos las herramientas adecuadas para tratar este tipo de casos. Por esa razón es que me veo obligada a viajar en reiteradas ocasiones a los Estados Unidos.

    Y es que, como lo dije antes, en Dominicana falta mucha educación, pero sobre todo, falta mucho recurso económico… Y quiero poner un ejemplo muy vivo y cercano…

    Mi nana no sabía que su hijo (de 14 años de edad) es autista, hasta que comenzó a trabajar conmigo. Ella lo golpeaba porque pensaba que se trataba de berrinches y malcriadeces por parte del niño. Además, decía: “Él no me hace caso”. Pero resulta que todo se debía simplemente a que tenía una necesidad especial.

    Por ende, siento que hay muchísima desinformación. Sin embargo, ahora que ella lo sabe, tampoco cuenta con los recursos necesarios para brindarle todas las terapias que él necesita, ya que en Dominicana se pagan USD$ 100 por una hora de tratamiento.

    ¿Sabes lo que eso significa? La mitad del sueldo mínimo.

    Entonces, sacando cuentas, entre comer y pagar una terapia, ¿adivina qué prefiere la gente? ¡Exacto…! Comer. Aparte de otros gastos importantes que tiene que asumir un pilar de familia. Entonces, el dominicano no gana para ello.

    Por eso, el objetivo de mi fundación es, primero, apoyar a otras mamás y papás para que aprendan a darles terapias a sus hijos. Segundo, que los niños sean tratados por ciclos y de manera organizada.

    ¿Por qué?

    Porque una de cada cinco familias en República Dominicana tiene un niño con necesidades especiales, y las ayudas que presta el Gobierno, aun cuando significan un gran apoyo, no cubren la demanda, por lo cual, si le practican la terapia a un niño un lunes, por ejemplo, ya le volvería a tocar dentro de un mes. Y así no funciona, porque las terapias deben de ser constantes y regulares.

    Luego, cuando esos niños son funcionales, tomamos otros niños, y así sucesivamente.

    Por eso tengo puesto todo mi enfoque y mi interés en llevar este proyecto a otro nivel, pues sé lo que todo esto significa gracias a mi experiencia con Pablito…

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    Implantes a corta edad… ¿Qué opino al respecto?

    Hoy vengo con ganas de contarte una historia, pero no a modo de que la leas ¡y ya!, sino que, a través de ella, reflexiones. Y en caso de que algún día te suceda lo mismo con tu(s) hija(s), pues recuerdes lo que aquí, en este momento leíste, y sepas qué hacer y cómo actuar.

    Sólo así evitarás daños inmediatos y próximos en el organismo de la(s) princesa(s) de la casa…

    Hace un buen tiempo, me hicieron la siguiente pregunta:

    “Doctora Tania, mi hija quiere que, como regalo de 15 años, le regale unos implantes de senos… ¿Qué hago?”

    Luego de enviarle mis sinceras felicitaciones a su niña por llegar a sus 15 primaveras, mi respuesta fue:

    “Contestando tu pregunta, yo, en lo personal y como profesional, no estoy de acuerdo con una cirugía plástica a una joven de esa edad, a menos que sea una cirugía reconstructiva.

    ¿Qué pasa? El cuerpo de las mujeres, y de los hombres también, sigue creciendo hasta los 18 años de edad, y después también, con el embarazo, por ejemplo, o incluso, con la misma adultez. Entonces los resultados a futuro pueden ser muy poco óptimos y hasta contraproducentes.

    Además, una adolescente no tiene la madurez psicológica suficiente para afrontar los riesgos que pueden existir en una cirugía plástica. Sabemos que son pocos, pero siempre están latentes.

    También, aunque ahora existen implantes de senos que se supone son para toda la vida, los regulares tienen una duración de 10 a 20 años, así que en algún momento deberá cambiarlos.

    Por ende, definitivamente, ¡no es buena idea!”