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    ¡Qué honor ser la portada de septiembre de Vogue Business!

    ¡Estoy viviendo mis SUEÑOS!, pues el hecho de aparecer en la portada de la revista Vogue Business durante el mes de septiembre, para mí es un privilegio y un gran honor.

    Y es que más allá del peso que este hecho pueda otorgarle a mi carrera profesional, me contenta y me satisface muchísimo que mi labor y mi propósito estén siendo reconocidos a tal nivel.

    Ustedes, que muy bien me conocen, saben lo importante que es para mí el hecho de que la cirugía plástica sea vista desde un ángulo distinto y que se le dé más valor al amor propio y la aceptación qu al aspecto físico en un 100%.

    Este es un logro que, con todo mi amor, le dedico a mi familia, a toda la República Dominicana y a las mujeres del mundo que han comprendido el mensaje que pretendo dar desde que comencé esta ardua lucha para que el amor propio y la aceptación sean los protagonistas…

    Recuerden, no podemos dar nada de lo que no llevamos en nuestro interior… ¡Y es un placer para mí que mi objetivo siga dejando huellas!

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    ¿Cómo nació mi fundación “Sin Etiquetas”, y cuál es su misión?

    “Sin Etiquetas” es una fundación sin fines de lucro que nació con la finalidad de ayudar a niños con necesidades especiales, pues, en República Dominicana, mi país, no tenemos las herramientas adecuadas para tratar este tipo de casos. Por esa razón es que me veo obligada a viajar en reiteradas ocasiones a los Estados Unidos.

    Y es que, como lo dije antes, en Dominicana falta mucha educación, pero sobre todo, falta mucho recurso económico… Y quiero poner un ejemplo muy vivo y cercano…

    Mi nana no sabía que su hijo (de 14 años de edad) es autista, hasta que comenzó a trabajar conmigo. Ella lo golpeaba porque pensaba que se trataba de berrinches y malcriadeces por parte del niño. Además, decía: “Él no me hace caso”. Pero resulta que todo se debía simplemente a que tenía una necesidad especial.

    Por ende, siento que hay muchísima desinformación. Sin embargo, ahora que ella lo sabe, tampoco cuenta con los recursos necesarios para brindarle todas las terapias que él necesita, ya que en Dominicana se pagan USD$ 100 por una hora de tratamiento.

    ¿Sabes lo que eso significa? La mitad del sueldo mínimo.

    Entonces, sacando cuentas, entre comer y pagar una terapia, ¿adivina qué prefiere la gente? ¡Exacto…! Comer. Aparte de otros gastos importantes que tiene que asumir un pilar de familia. Entonces, el dominicano no gana para ello.

    Por eso, el objetivo de mi fundación es, primero, apoyar a otras mamás y papás para que aprendan a darles terapias a sus hijos. Segundo, que los niños sean tratados por ciclos y de manera organizada.

    ¿Por qué?

    Porque una de cada cinco familias en República Dominicana tiene un niño con necesidades especiales, y las ayudas que presta el Gobierno, aun cuando significan un gran apoyo, no cubren la demanda, por lo cual, si le practican la terapia a un niño un lunes, por ejemplo, ya le volvería a tocar dentro de un mes. Y así no funciona, porque las terapias deben de ser constantes y regulares.

    Luego, cuando esos niños son funcionales, tomamos otros niños, y así sucesivamente.

    Por eso tengo puesto todo mi enfoque y mi interés en llevar este proyecto a otro nivel, pues sé lo que todo esto significa gracias a mi experiencia con Pablito…