• In Blog

    ¿Por qué decides operarte?

    Como médico cirujano, siempre les he hecho la siguiente pregunta a mis pacientes antes de cada intervención: “¿Por qué decides operarte?”. Incluso, a ti que me estás leyendo ahora mismo y está entre tus planes hacerte un cambio físico, también te lo pregunto…

    Entonces, curiosamente, la mayoría de ellos me responden que, una de las razones principales por las que decidieron dar el paso, es por presión social. De hecho, puedo llegar a entenderlo hasta cierto punto, pero para eso estoy aquí el día de hoy, para decirte que si decides operarte, es porque quieres, porque deseas sentirte bien contigo mismo(a), y no porque un tercero te lo imponga…

    Recuerda siempre que nadie, absolutamente nadie tiene el derecho de decirte que luces mal, que estás muy gordo(a) / flaco(a), que tienes la nariz muy grande, entre otras críticas comunes. Porque esas, no son otra cosa que, sencillamente, críticas destructivas.

    Y como nadie es más que nadie para estar cuestionando la apariencia de los demás, mi recomendación es que hagas caso omiso y comiences a darte tu lugar.

    ¿Quieres operarte? ¡Te aplaudo por tal decisión! Pero, repito, hazlo porque te nace, porque quieres lucir un booty grande, porque deseas aumentar el tamaño de tus bubbies, o inclusive reducirlo, porque deseas perfilar tu nariz, en fin… ¡Hazlo!

    Pero que todo esto se deba a que quieres sentirte bien, a que quieres elevar tu autoestima, pero no por complacer a una sociedad que pretende, en primer lugar, darles solución a los problemas de los demás, y en segundo, a los propios.

    Cualquiera que sea la relación que te una a esas personas que emiten sus opiniones (familia, amistad, pareja), tú sigue de largo y opérate por decisión propia.

    ¡Deja de complacer caprichos ajenos! ¡Complácete a ti!

  • In Blog

    La máxima representación de la belleza es ser uno mismo

    No existe nada más agotador en este mundo que aparentar ser lo que no somos. Es por eso que uno de mis lemas favoritos establece que la máxima representación de la belleza es ser uno mismo.

    Y es que ¿cuál es la necesidad de fingir ante el mundo que somos alguien distinto a quien realmente somos? Si lo único que obtenemos mediante este tipo de actitudes, es un gran cansancio psicológico, emocional y hasta físico.

    Nos convertimos en esclavos de esa(s) personalidad(es) falsa(s) que decidimos adoptar, pero… ¿para qué? ¿Para complacer al mundo? ¿Para sorprenderlo? ¿Para ser objeto de atención?

    Si es así, ¡qué mal estamos! De hecho, sean cuales sean las razones, pues lo sostengo… ¡Qué mal estamos!, ya que ser auténticos es sinónimo de sentirnos bien con nosotros mismos, independientemente de la situación en la que nos encontremos. Pero resulta que, comportarse de esa forma, es una tarea muy muy muy difícil.

    Esto, debido a los tiempos en los que nos encontramos inmersos: Redes sociales, búsqueda desesperada de aceptación, bajo nivel de paciencia ante lo que no somos, lo que no tenemos y lo que no hemos logrado, entre muchos otros factores.

    Entonces nos sumergimos en modelos que nos muestran estrategias referentes a “cómo ser exitosos” y, por consiguiente, dichos modelos nos conducen a mostrarles a los demás, caras y personalidades que no van acorde con las nuestras.

    Por ello, no es opción lamentarnos por aquello que no ha sido y que todavía no es… Por el contrario, trabajemos para lograr eso que anhelamos, siempre dentro de nuestras posibilidades y con esfuerzos y sacrificios propios, y lo más importante, teniendo presente que no es correcto presumir ante nadie lo que no somos, lo que no tenemos y lo que no hemos logrado…

    ¡Enfoquémonos!